Aprender a Decir NO: 1

A tu jefe/a, cuando te pide algo que excede tus funciones:
 
Si hay confianza, puedes decirle:
 
"Esto no me corresponde a mí. Si quieres que lo haga yo, tendré que dejar lo que estaba haciendo. Dime si prefieres que siga con lo otro o me ponga con esto, porque hacer las dos cosas no es posible"
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Comunicación no verbal en un parque

 

En un parque, una chica descansa de hacer ejercicio. Sus músculos están relajados, su boca abierta y sus ojos cerrados. Un hombre se acerca al lugar donde está ella, por la espalda. Cuando la distancia es de menos de dos metros, la deportista se ha erguido, ha sacado pecho, su boca se ha cerrado, sus ojos se han abierto levemente y su mano ha subido a la cabeza en coqueto gesto de arreglarse el pelo. El extraño, a su vez, ha adoptado una postura más rígida, hasta el punto de resultar altivo. Medio metro los separa ya y una misteriosa sonrisa aparece en el rostro del hombre.

 

La chica, con todos los músculos en tensión, nota una presión en su hombro y se vuelve rápidamente. Su mirada sube de la mano que le ha tocado a la cara del extraño y entonces su gesto cambia de la sorpresa a la alegría. Los ojos, que se habían abierto exageradamente, se entrecierran ahora e incluso se les nota brillar desde lejos. Los dos sonríen y dicen algo, pero no se les puede oír. Entonces se funden en un apretado abrazo.

 

Hemos sido testigos de un encuentro entre dos personas a las que las une un profundo afecto y que hacía tiempo que no se veían. Ninguno de los dos se la esperaba, pero ha sido para ambos una sorpresa agradable. Sin palabras, hemos captado la carga emocional de la situación. ¿Qué hemos visto?

 

Un cuerpo -el de la chica-, que inicialmente está relajado, entra en tensión al escuchar las pisadas de alguien que se acerca y comienza a penetrar en "su territorio", la zona que le rodea y que siente como suya. Es importante cómo nos afecta a todos este sentimiento de propiedad. A su estudio se le denomina proxémica.

 

El cuerpo extraño está ya tan cerca que puede recibir señales olorosas, de la mayoría de las cuales no son conscientes ni el emisor ni el receptor, y que le indican que la presencia es masculina.

 

Pero si sus ojos se hallaban entreabiertos en un ademán atractivo, se abren del todo al notar un contacto físico sobre su hombro. Aún así no se asusta: nota algo amigo en el ambiente, no sabe el qué.

 

Sin bajar del todo sus defensas, gira la cabeza hacia atrás: primero asegurándose de que es una mano lo que se posó en su hombro y luego buscando la identidad de su dueño. Cuál no será su sorpresa al descubrir de quién se trata. Su reacción (al igual que la de él) es de gran alegría: sus ojos "sonríen", formando las características arrugas de la risa; la piel se tensa; los labios se hinchan y se enrojecen, aunque no lo veamos y forman una sonrisa abierta.

 

Cada uno de estos pequeños movimientos, en cinesis (la ciencia que se dedica a estudiar los gestos humanos), recibe el nombre de kine. Independiente de los demás, no tiene más sentido del que tiene una letra sola. La unión de esos kines, denominada kinema, equivaldría a una sílaba. Y es la combinación de esas sílabas o kinemas la que ya comienza a tener sentido.

 

A la vez hemos observado un brillo en los ojos: las pupilas se han dilatado por un estímulo agradable, y eso es algo que estudia la pupilometría. Y al comenzar la conversación, los pies de cada uno se hallaban señalando al otro, y las posturas eran abiertas, de sinceridad y cariño.

 

Estos son, en resumen, los distintos aspectos de la comunicación no verbal y todos los captamos e interpretamos inconscientemente. Y, si tanto sabe nuestro subconsciente, ¿no deberíamos hacer caso más a menudo de lo que llamamos intuición?

 

¿Qué “ismos” reconoces en tí?

 

Las personas buscan acercarse y unirse a otras personas que apoyen sus ideas, para fortalecerse y avanzar en sus objetivos. En algunos casos, estos grupos estimulan y facilitan transformaciones sociales positivas, que derivan luego en nuevas -e innovadoras- instituciones, negocios, o industrias. Pero en otros casos, producen marginación con altísimos costos sociales. ¿Cómo convivir entonces con este fenómeno?

La existencia del fanatismo, racismo, fascismo (y cualquier otro "ismo") cuestiona nuestra visión de la competencia. Si creemos que el mundo se divide en ganadores y perdedores… ¿por qué habría de extrañarnos que existan grupos que niegan al otro?

Para transformar nuestra consciencia, podemos comenzar por reconocer los "ismos" (propios y ajenos) que nos dividen y enfrentan. Podríamos también formar grupos, crear organizaciones, y fundar instituciones, donde la colaboración y la necesidad del otro, fuesen parte fundamental de todas las políticas y prácticas.

¿Qué "ismos" reconoces en tí?

¿Cómo mejorarías tu convivencia?

Por Que La Gente No Es Asi??

 

Un perro fue visto en medio de una transitada avenida cuidando a su amigo que fue atropellado por un carro.
Usando la pata, el perro trataba de despertar a su amigo que ya estaba muerto.

El perro trataba de empujar a su amigo fuera de la carretera

Cuando la gente trataba de ayudar, les ladraba y ahuyentaba al que se acercara a el.

A pesar del tráfico pesado, el perro no abandonaba a su amigo.

Los testigos quedaron impresionados de como un perro ordinario, puede ser tan leal !

En situaciones como esta,

es cuando sabemos quien es un verdadero amigo.

Definitivamente no vamos a esperar a que algo asi nos pase

para demostrar nuestro amor a quien consideramos nuestro amigo.

Si tienes un amigo asi, consérvalo y cuando tengas oportunidad de

demostrárselo, no te detengas y hazlo.

La amistad es una flor que requiere de muchos cuidados y si está lo suficientemente fuerte, no hay tormenta que la dañe.

Regala una sonrisa a quien se cruce en tu camino, no sabes de que manera podrías alegrarle el dia

Relaciones… sin círculos viciosos

 

Muchos consideran las relaciones humanas en términos de causa y efecto: una persona hace algo que lleva a otra, a su vez, a hacer algo. Por ejemplo, muchas personas piensan que "otras" son las responsables de sus problemas, o sienten que "alguien" hace tal o cual cosa para controlar sus vidas.

Una mejor manera de ver las relaciones humanas es pensar en múltiples causalidades, o pensar "sistémicamente". Se trata de reconocer que no sólo el comportamiento de A determina el comportamiento de B, sino que la afirmación inversa también es cierta. Y que, además, el comportamiento de B está influenciado por múltiples causas.

La gente a menudo experimenta una pauta de comportamiento cíclica: cuando una parte actúa, desencadena acciones reactivas en la otra… y esto se produce una y otra vez, creándose un "círculo vicioso". Muchas personas suelen quedar atrapadas en ellos con demasiada frecuencia. Una vez iniciados, es muy difícil ponerles fin.

Desconfiados por sistema

 

Las personas que ven gato encerrado en todo están siempre intranquilas y no pueden vivir con alegría
 
De continuo nos encontramos ante situaciones en las que el exceso de confianza puede convertirnos en víctimas de estafas o de engaños. Hay que permanecer alerta, nos dice nuestro instinto. No hay que fiarse de nadie. La sospecha es la mejor compañía para transitar por una sociedad donde el embuste no sólo prolifera, sino que incluso está institucionalizado por los poderes políticos y económicos que recurren a él para imponerse sobre los manipulados ciudadanos. En un mundo de pícaros, adjetivos como confiado y panoli son sinónimos. Sólo el ejercicio permanente de la desconfianza, tan bien valorada como actitud intelectual imprescindible, puede protegernos de las trampas que nos tienden los otros.

Pero la misantrópica consigna de «piensa mal y acertarás» aplicada como norma en toda circunstancia, más que pertrecharnos de defensas, nos ocasiona daños. Contra lo que pueda suponerse, ser suspicaz no es rentable. Imaginemos a alguien que pone en duda la veracidad o la rectitud de todo cuanto le viene del exterior. No creerá las palabras del político que le promete el oro y el moro, pero tampoco podrá fiarse del tendero que le sirve unos tomates quizá regados con aguas fecales, ni del panadero que ha podido usar levadura de mala calidad. Una permanente nube de sospechas se cierne sobre él y le acompaña en su "sinvivir" allá donde vaya. El desconfiado piensa que los demás fingen en su presencia, que murmuran de él a sus espaldas o que, cuando le hacen regalos o le brindan palabras amables, lo hacen con alguna intención oculta. Para él siempre hay un gato encerrado que le impide ver las cosas con tranquilidad y vivirlas alegremente.

Pero al mismo tiempo las relaciones humanas se sustentan en la confianza e incluso en la fe ciega. Sólo creyendo en la rectitud de los demás, en sus buenas intenciones, en la responsabilidad con que asumen su correspondiente papel, es posible vivir en sociedad. Posiblemente se trata de una confianza irracional basada en creencias infundadas. Tal vez nos aferramos a ella por rutina o por comodidad mental, pero lo cierto es que sin esa especie de consenso se vendría abajo todo nuestro andamiaje social.
 

Potencial enemigo

 
La susceptibilidad paranoide del que "no se fía ni de su propia sombra" tiene, pues, un origen no sólo racional, sino digno de reconocimiento. Ocurre que esa persona se ha parado a pensar y ha descubierto que la trama de confianzas recíprocas carece de fundamento lógico o, por lo menos, debe ponerse en cuestión. Sabe que cuando depositamos la confianza en nuestra comunidad, en nuestros familiares y en nuestros compañeros de oficina, lo hacemos más por necesidad que por comprobación. La reflexión del paranoico le ha llevado a un razonamiento nada descabellado: cualquiera de quienes nos rodean es un potencial enemigo que en el momento menos pensado nos "la puede dar con queso", de manera que hay que andar ojo avizor.

A partir de ese punto el receloso tiende a concatenar nuevos razonamientos que le conducen a conclusiones desmesuradas. De entrada, clasifica a los otros en dos grupos: los dignos de confianza -pocos, o ninguno- y los confabulados contra él, que esperan a que baje la guardia para asestarle sus golpes. Este prejuicio no tarda en convertirse para él en dogma incontrovertible; entonces la pendiente paranoide se acentúa y los pensamientos suspicaces adquieren rango de fantasmagorías delirantes. Todo son complots, traiciones e infidelidades; no hay nadie que no pretenda darle gato por liebre.

El cortejo de consecuencias ocasionadas por esta actitud es ilimitado. En los casos más moderados, los desconfiados evitan la intimidad (para no abrir nuevos flancos al ataque de sus enemigos), se mantienen en una actitud de tensión permanente (para identificar a potenciales agresores y poder contraatacarles), toman nota precisa de todos los agravios, ofensas, humillaciones y daños padecidos (el rencor es la principal compañía de la desconfianza) y sobrevaloran sus razonamientos y sus análisis al tiempo que desprecian las percepciones más amables y menos alarmistas que los demás se hacen acerca de la realidad.

Cuando la paranoia se agudiza, el estado de alerta se convierte en manifiesta hostilidad. El recuerdo de los agravios queda magnificado y pide a gritos la reacción de venganza. El desconfiado concatena hechos que no guardan relación alguna entre sí mediante la aplastante lógica del complot tramado en su contra hasta caer en la manía persecutoria. Su intolerancia a las críticas le ciega encerrándolo en la soberbia, la arrogancia y el sarcasmo.
 
Desgaste de energías

Todos hemos desconfiado de alguien alguna vez, y seguramente con motivo. Pero también hemos vivido la experiencia de esos malentendidos de los que, una vez resueltos, salimos avergonzados por haber juzgado mal a otra persona o haber sido injustos con ella. El enorme desgaste de energías que supone mantenerse en la suspicacia, en el ajuste de cuentas, en la búsqueda de pruebas que confirmen nuestras precauciones y nuestros temores, no compensa al lado de una actitud más indulgente, sociable y confiada. Pues, como sentenció Voltaire, «el que sospecha invita a traicionarlo». Y es que pensar bien podrá, a veces, ser un error, pero ahorra preocupaciones.

 

El Triple Filtro

 

En la antigua Grecia, Sócrates fue muy famoso por la práctica de su conocimiento.
 
.. Un día, un conocido se encontró con el gran filósofo y le dijo:
 "¿Sabes lo que escuché acerca de tu amigo?"
 
.. Espera un minuto" replicó Sócrates.
 Antes de decirme cualquier cosa quisiera que pasaras un pequeño examen. Es llamado el examen del triple filtro."
 
.. "¿Triple filtro?"
 
.. Correcto," continuó Sócrates. "Antes de que me hables sobre mi amigo, puede ser una buena idea tomarnos un momento y filtrar lo que vás a decir. Es por eso que lo llamo el examen del triple filtro.
 
.. El primer filtro es la verdad.
 "¿Estas absolutamente seguro de que lo que vás a decirme es cierto?"
 
.. "No" dijo el hombre, "realmente solo escuché sobre eso y…"
 
.. "Muy bien" dijo Sócrates. "Entonces realmente no sabes si es cierto o no!
 
.. Ahora permíteme aplicar el segundo filtro, el filtro de la bondad.
 ¿Es algo bueno lo que vás a decirme de mi amigo?"
 
.. "No, por el contrario…"
 
.. "Entonces, " continuó Sócrates, "tu deseas decirme algo malo sobre el, pero no estas seguro de que sea cierto. Tu puedes aún pasar el examen,porque queda un filtro:
 
.. El filtro de la utilidad. ¿Será útil para mí lo que vás a decirme de mi amigo?"
 
.. "No, realmente no."
 
.. "Bien, "concluyó Sócrates, "si lo que deseas decirme no es cierto ni bueno e incluso no es útil , ¿por qué decirmelo?"
 
Usa este triple filtro cada vez que oigas comentarios sobre alguno de tus amigos cercanos y queridos.
 
RECUERDA QUE TU COMUNICACION SEA DE:
 VERDAD – BONDAD – UTILILIDAD.