¿Cómo es de fácil hablar conmigo?, ¿En qué suelo meter la pata?, ¿Escucho lo que los demás tienen que decir sobre mí?, ¿Razono con la cabeza, o con el corazón?, ¿Decido intuitivamente, o por los hechos?, ¿Tengo una mentalidad rígida, o flexible?, ¿Soy consciente y me doy cuenta de mis propias decisiones?, ¿Conozco mis puntos débiles? ¿y mis puntos fuertes?

Antes del día final en que desafía a los ejércitos de Israel, Goliat el gigante, ha cosechado tan rotundas victorias con su maciza lanza y su impenetrable armadura, que se considera invencible. Así pues, desafía al enemigo a que escoja un campeón para enfrentarse con él en combate individual, pensando que constituirá para él una empresa fácil. Cuando Goliat vio venir a David a su encuentro sin armadura que protegiera su cuerpo y nada perceptible en su mano excepto la honda, se incomodó, en lugar de alarmarse ante la aparente locura de su adversario, y le gritó: “¿Soy acaso un perro que vienes a mi encuentro con un palo?”. Goliat pensó que esta impertinencia era la inconsciencia de un joven, en lugar de una maniobra planeada y asumida cuidadosamente. David se había dado cuenta que con las mismas armas de su adversario no podría vencerle, por lo que rechazó la armadura, el escudo y la lanza que Saúl insistió que aceptara. Así este filisteo avanza con paso majestuoso, pomposamente, sin sospechar la realidad y ofreciendo su frente sin la protección de la visera, como un blanco para la piedra de la honda, que lo mata de un golpe antes de que su despreciable adversario entrara en el radio de acción de su lanza, mortífera hasta entonces.

Aunque aparentemente David era mucho más pequeño que Goliat, la interiorización del desafío, y sobre todo, el conocer sus fortalezas y debilidades, le hizo realmente más grande y más fuerte, por lo que su respuesta fue mucho más eficaz.

Goliat no interiorizó nada, dio por supuesto su grandeza y fortaleza, que objetivamente poseía. Este autoengaño y falta de autocrítica le hizo ser más débil, pagándolo con la muerte.

“El hombre es grande por que se sabe miserable. Un árbol no sabe que es miserable. Pero es ser grande saberse miserable.” (Pascal).

No hay “enemigo” pequeño.

La exhortación

“Conócete a ti mismo”, estaba esculpida en el dintel del templo de Delfos y fue tratada por los clásicos griegos, además de Buda, Confucio y Lao-Tzé. Suelen hacer falta demasiados años para conocerse uno a sí mismo. Quien lo logra, comunica bien, escucha bien, no se precipita, planifica de forma realista, simplifica, hace bien lo elemental, trata bien a los demás, crea equipo, gestiona la situación en beneficio de todos, y en general, suele cometer pocos errores.

¿Cómo es de fácil hablar conmigo?, ¿En qué suelo meter la pata?, ¿Escucho lo que los demás tienen que decir sobre mí?, ¿Razono con la cabeza, o con el corazón?, ¿Decido intuitivamente, o por los hechos?, ¿Tengo una mentalidad rígida, o flexible?, ¿Soy consciente y me doy cuenta de mis propias decisiones?, ¿Conozco mis puntos débiles? ¿y mis puntos fuertes?

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